Ya ha entrado en vigor la nueva ley que prohíbe en España atender mediante la sanidad pública a los inmigrantes sin papeles. Como es costumbre de esta egocéntrica sociedad, comenzamos quitando a aquellas personas que menos tienen. Por ello, esta ley me trae a la cabeza algunas reflexiones:
Un médico cuya ética o moral cristiana le impide practicar un aborto, legalmente puede negarse a hacerlo porque según los dogmas cristianos es quitar una vida. Por tanto, la Iglesia considera abortar como "una culpa moral y en una pena canónica, es decir, comete un pecado y un delito" (Aciprensa) . Durante el gobierno socialista, se aprobó una atrevida ley del aborto que levantó un gran debate y provocó miles de denuncias por parte de sacerdotes y personas cristianas. Todos denunciaban esa ley que iba en contra de lo que para ellos se considera una vida y a la que los médicos podían negarse a cumplir si para ellos suponía una carga moral.
Ahora sale una nueva ley que supone un asesinato silencioso de aquellos a quienes Jesús ayudaría y tendería hoy día su mano, y nadie dice nada. La Iglesia mira muda e impasible esta situación argumentando que la política no es cosa de la religión, pero simplemente es que "no pueden morder la mano que les da de comer". Fe y política se confunden en una trama de "amistades peligrosas" en la que los favoritismos están a la orden del día. El sigilo de una Iglesia que se traduce como un apoyo silencioso a las reformas de un partido de ideología conservadora. Nada que ver con la Iglesia que precicaba Jesús, salvo excepciones de algunos sacerdotes que posiblemente sean silenciados por sus cargos superiores. Un ejemplo de esto lo podemos ver cuando un centenar de sacerdotes y religiosas de Murcia, decidieron redactar una carta de apoyo a las familias desalojadas de sus hogares por culpa de los bancos que las han arruinado, y el obispo de su diócesis se negó a firmar tal escrito en favor de estas desamparadas familias que se quedaban en la calle.
Más allá de los problemas del país o de los gastos que produzca atender a personas que no aportan dinero al estado queda la caridad humana, que no cristiana. En estos momentos es cuando más ayuda necesita el pobre, el enfermo o el inmigrante que además de pobre está enfermo. Toda persona debe ser caritativa con el prójimo, crea o no en alguna religión. El cristianismo nos dice que debemos seguir el ejemplo de Cristo y en sus sagradas escrituras figuran cientos de textos con un mismo mensaje. “Suponed que un hermano o hermana andan medio desnudos, y tienen
necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: id en paz, calientes y saciados, pero no les da las cosas que son
necesarias para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe, si no
tiene obras, está muerta en sí misma” (Santiago 2:15-17). Por tanto, si seguimos las palabras de Jesús y en los hospitales no se les niega la asistencia a los necesitados de ella, incumpliendo así la ley, ¿se podrá argumentar que va en contra de la propia moral personal o de cada cristiano?. “Pero el que tiene bienes en este mundo y ve a su hermano tener
necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo puede conservar el amor de Dios?” (1 Juan 3:17). Según la epístola de Juan, negarse a ayudar al prójimo es renunciar al amor de Dios. Y mi duda final es... ¿Qué cristiano querría renunciar a eso?
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