lunes, 7 de abril de 2014

Jesús: la brújula del cambio


Durante la última reunión de mi comunidad, comprendí ciertas cosas que pueden suponer un antes y un después en mi manera de vivir la fe. Hasta ahora, me costaba un tremendo esfuerzo oponerme a ciertas posturas de la Iglesia que no coincidían con mi forma de entender el mundo. Pero, ¿por qué? Posturas que, por muy diferentes que fuesen a las canónicas, no significa que a ojos de Jesús sean erróneas. Si observamos más detenidamente Su vida, vemos a una persona rompedora, luchadora, reivindicativa, inconformista y sobre todo, feliz. Una persona que antepuso el amor al ser humano por delante de los prefectos que durante siglos venían establecidos. Y como es, fue. El hijo estudió en la escuela de la vida y creyó en un cambio, tal y como está ocurriendo hoy en día. Un cambio que comenzó luchando contra el sistema de su época, contra los que anteponían las leyes a la propia persona, contra la discriminación de aquellos que eran ignorados o rechazados, contra aquellos que se oponían a extender su mano a ciegas a quien lo necesitase sin mirar antes a la persona. Cristo vino a caminar junto a los olvidados, los que se perdieron un día en el camino y no fueron ayudados por sus propios hermanos. Vino a enseñarles a ser felices y comprender que la felicidad, no significa no sufrir o no pasar adversidades en esta vida, sino más bien aprender de esas cosas para poder enseñarle al prójimo cuando lo necesite. La felicidad que Jesús quiere para nosotros es esa sensación de estar en paz con uno mismo para poder sentir su luz en nuestro interior: es la sonrisa de un hermano hambriento al que le das de comer, es la palabra que sale de tu boca cuando no callas las injusticias, es el amor que se recibe cuando uno lo ha dado antes, es el calor de un hombre que antes ha sufrido el frío, el perdón de un pecador, en resumen… la felicidad que nos trae Jesús es seguir el propio camino que Él vivió. Un sendero cuyos adoquines llevan nombres tan olvidados por nuestra sociedad como comprensión, humildad, caridad, tolerancia o AMOR.



Es inevitable encontrar una similitud entre  las situaciones que vivió Cristo con las actuales. Unos momentos en los que se despreciaba a los pobres y se olvidaban a los enfermos. Jesús fue el primero que rompió con el sistema, tanto social como religioso, porque creía en un cambio. En el pasaje de la ceguera (Juan 9, 1-41) los fariseos le reprochaban obrar un milagro en día de precepto. Cuando le preguntan al ciego curado qué opina de Él y les dijo que era un Profeta, al no acomodarse su respuesta a lo que sus oídos querían escuchar, le echaron por querer un pecador darle lecciones a ellos, los cultos y formados en las leyes. Por eso es importante comprender las palabras que Jesús, poco después de ese momento, le confiesa al curado <<Yo he venido a abrir un proceso contra el orden éste; así los que no ven verán, y los que ven quedarán ciegos. >>


Jesús ha venido a luchar contra el orden establecido, a renovar la sociedad y para ello, no se va a codear con los ricos y poderosos, da ejemplo sirviendo a los que necesitan ayuda. Cura al ciego y con ello nos hace ver que no podemos seguir ciegos ante las injusticias, que debemos ser cristianos de pensamiento y de obra y que podemos cambiarlo si algo no nos parece justo. Que debemos luchar con la fuerza de la razón viva en nuestras palabras inspiradas por su ejemplo, justo lo contrario a lo que impera en nuestra sociedad actual donde los políticos niegan ayuda a los desfavorecidos, apoyan sistemas que están destruyendo nuestra libertad y felicidad y la sociedad está siendo consumida y cegada para mantener un orden en el que para cuatro personas vivan bien, cuatro mil deben sufrir. 


De todos modos, Jesús tiene un mensaje muy claro al respecto. Dice que luchar contra este orden de prefectos que no lleva a ningún lugar, conseguirá que los que no ven, puedan ver.  Los que no ven posible un cambio, verán que sí es posible. A los que están cegados de esperanza y humildad, su palabra les dará la luz que sus ojos necesitan. Y a aquellos que ven, que están observando toda esta situación de pobreza y desprotección que está viviendo nuestro mundo y no hacen nada por cambiarlo o evitarlo teniendo los recursos, esos serán quienes queden ciegos. Y no se refiere a una ceguera literal, sino una espiritual. Un alma cegada de la luz de Cristo que todos llevamos en nosotros, una luz que se verá apagada por la ausencia de esa felicidad que solo el camino de Jesús sabe darnos.

Por tanto, no creáis que ser cristiano es sinónimo de acatar las leyes, de ser conformistas con lo que se nos viene o se nos dice. No pensemos que ser cristiano es sinónimo de rezar en silencio sin gritar por los que necesitan de nuestras oraciones. No pensemos que ser cristiano es esperar a que Jesús nos regale todo sin salir a buscarlo. 

Creo que ser cristiano es sinónimo de caminar con paso firme y seguro en una vida de oscuridad donde nuestra luz interior debe ser siempre nuestra brújula a mirar.

lunes, 13 de mayo de 2013

Francisco I, dos meses después



El pasado mes de marzo, la curia romana dio un atrevido pero no menos inteligente paso con la elección de Bergoglio como Sumo Pontífice. Siendo objetivos, la situación que atraviesa la fe en Europa es como poco preocupante, siendo cada vez menos los católicos que aguantan las excentricidades de una envejecida jerarquía que insiste en vivir anclada al pasado y no oír lo que la sociedad le pide. Por tanto, la elección de un Papa del continente americano ayuda a afianzar una población cada vez más comprometida con la Iglesia y que aún no se plantea sus dogmas al nivel que alcanza Europa. Además, dada la situación, el Santo Padre es un fuerte intermediador por el bien de los países latinoamericanos que, como bien se puede leer en la prensa, constantemente se apoyan ahora en él y viceversa: “Santos analizará  con el papa Francisco el proceso de paz en Colombia”, “Dos monjas de América Latina, entre los primeros santos del papa Francisco”, entre otras muchas noticias. Su abierta pasión por el fútbol es otra de las llaves que han acercado al Sumo Pontífice al pueblo, siendo la primera vez en la historia que un Papa acepta dar el puntapié inicial en un partido de fútbol.
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Lo cierto es que Francisco ha conseguido en pocos meses lo que muchos no han conseguido, llegar al pueblo. Algunos pueden pensar que el Papa está llevando a cabo la mayor estrategia de Marketing de la Iglesia Católica, con buenos resultados por cierto. Su carisma latino, su carácter mediático como Juan Pablo II y su cercanía al pueblo han sido imprescindibles para tal fin. En parte, no les sobra razón. El camino evangélico que el Sumo Pontífice ha optado por tomar (como su condición de Jesuita le dicta) le ha hecho ganarse a muchas personas, creyentes o no, que confían en que será el cambio que Iglesia Católica necesita.
Ahora, observando el poco tiempo de pontificado, creo que comienzo a entender la situación. La reforma del Papa es muy diferente a la que me esperaba. Una reforma totalmente necesaria y acorde con el mensaje evangélico, sin dejar a un lado su carácter conservador. Para explicarme mejor, me remito nuevamente a las publicaciones que hablan de los actos del Sumo Pontífice: “Francisco I va a por todo: Reforma de la curia, ataque a la pedofilia y al lavado de dinero, rol en Medio Oriente y mediación con las FARC”, “Francisco I pidió todos los libros del banco vaticano”,Francisco I habló fuerte y claro: No hay lugar para ambiciosos y trepadores (referido a los sacerdotes)”.
El Santo Padre está procurando un lavado de cara de la Sede de Pedro, tratando de encaminar a toda la Iglesia por una senda más evangélica, más afín al mensaje de Cristo y más humilde y cercana a los más necesitados. Por tanto, no es de extrañar que algunos de los acomodados en el Vaticano y benefactores de las encubiertas gestiones, no estén muy contentos con el proceso de reeducación de la Iglesia y toda su jerarquía.  Un proceso humanizador que pretende poner a la curia al nivel del pueblo, para que puedan observar mejor los problemas a los que se enfrentan día a día los seres humanos y predicar así con el ejemplo de humildad, como habría querido Jesús. 
Por otro lado, salta a la vista en otros titulares que el Santo Padre está llevando a cabo una reforma social en el aspecto más humanitario, que no en el evolutivo. Es una Papa social, pero conservador con los dogmas de la Iglesia, como cabría esperar si ha llegado al trono de Pedro. Mientras la sociedad avanza a pasos agigantados, el Papa Francisco denota su carácter conservador y tradicional apoyando campañas como “Uno de Nosotros”, emprendida durante el papado de Benedicto XVI para la protección jurídica de los embriones.
Pero lo cierto es que las noticias sobre los aspectos más conservadores del Sumo Pontífice no trascienden, siendo pocas las que se publican y muy ensombrecidas por las que resaltan sus actos en favor de una Iglesia más evangélica. Denota así que es una persona precavida en sus declaraciones, tratando de no ofender ni molestar a nadie, siempre y cuando él pueda seguir con su labor pastoral.
Por último, también es importante tener en cuenta que la falta de palabras del Santo Padre da rienda suelta a la libre interpretación de muchos, argumentos que no siempre debemos interpretar como propios del Papa. La periodista Evangelina Himitian, tras la publicación de su libro “Francisco, el Papa de la gente”, declaraba en una entrevista que “el celibato, por ejemplo, es algo que Francisco podría modificar durante su papado, porque no es un dogma, es una disposición. En el caso del aborto es intransigente y no creo que vaya a modificar su posición. El tema de los métodos anticonceptivos es una incógnita.”
Francisco I es en resumen, un Papa social, cercano a la gente y que pretende reformar una Iglesia cada vez más distanciada del mensaje de Dios y de su pueblo. Parece seguir una senda de renovación evangélica y pastoral, guiada por la caridad y la humildad que hicieron de Cristo un ejemplo a seguir. Por otra parte, parece no querer implicarse en temas controvertidos que puedan desviar la atención de sus principales objetivos. Tanto nos ha sorprendido en estos dos meses de papado, que sería atrevido adelantarse a vaticinar los caminos que seguirá durante su pontificado, pero esperemos que siga acercando la Iglesia al pueblo de Cristo.

lunes, 11 de febrero de 2013

Oportunidades del nuevo Pedro

La silla de Pedro queda una vez más libre para entronar a un nuevo elegido. Desconozco si los motivos de la dimisión son ciertos o no, desconozco si algo claro u oscuro se esconde tras este sorprendente hecho... pero lo que sí puedo decir es que el nuevo Pontífice tendrá una muy dura tarea que afrontar. 

El futuro Papa llegará a una sociedad marcada por la inexorable relevancia de Internet, el aumento de la multiculturalidad de las naciones y una sociedad castigada por la enorme crisis y la miseria humanitaria. Hay quien podría llamarles "grandes batallas de la Iglesia", aunque yo prefiero llamarles "grandes oportunidades de volver a ser Iglesia".

La sociedad, guiada por las tendencias tecnológicas, ha mutado a pasos agigantados costumbres que antes cambiaban lentamente durante decenas o centenas de años. Un proceso que ha llevado a las personas a adaptarse a un ritmo continuamente cambiante, a un mejor alcance a la comunicación y el acceso libre a todo tipo de información. El que la sociedad cambie, no es justificación para que la Iglesia deba cambiar, pero sí es la muestra latente de la continua evolución social que nunca se ha detenido desde el comienzo de la historia humana. Por tanto, si las personas cambian, y la Iglesia está formada por personas, puede cambiar del mismo modo. A pesar de todo, es importante saber que cuando la gente dice que la Iglesia no ha cambiado en dos mil años, está equivocada. La Iglesia ha mudado la piel muchas veces durante sus siglos de vida para sobrevivir, al igual que los seres vivos evolucionan para adaptarse al medio. Al final, tras la desaparición de monarquías y dictaduras en las que la Iglesia supo asumir la mayor relevancia y poder, también comenzó a mudar hace décadas para adaptarse a los nuevos sistemas políticos y económicos. ¿Siguen pensando que la Iglesia no cambia? Antes quemaban brujas y ahora no, antes los laicos pagaban por no cumplir las doctrinas y ahora no, y así un sin fin de ejemplos que se pueden marcar.

Por eso creo que el nuevo Pontífice se enfrenta a la necesidad de un nuevo cambio. Un cambio que la sociedad reclama a la Iglesia con deseos de volver a sus orígenes evangélicos. Lejos de los lujos, las riquezas, la comodidad y el calor de los templos, y de su elevada posición en la pirámide capitalista. Una Iglesia de Cristo que salga a la calle, lucha contra los problemas y las injusticias sociales y apoye a aquellos que no tienen nada. Soy consciente de la importancia de muchas organizaciones eclesiásticas, de su labor humanitaria y su empeño por ayudar a los necesitados. No critico estos aspectos que me parecen acertados, sino la falta de más en aquellos que tantos medios pueden ofrecer. Que aquellos que deberían predicar con el ejemplo de vida humilde, viven en palacios y van en coches de lujo. Que en vez de preocuparse por las injusticias sociales y por las necesidades cristianas de sus propios hermanos, se preocupan más de la vida íntima y privada de los seres humanos o de otros temas a los que Cristo creo que ni daría importancia siempre y cuando existiese amor de por medio.

De ahí que nazca mi creencia de que, todas aquellas cosas que puedan considerarse batallas, sean realmente oportunidades para el nuevo pescador de hombres. Oportunidades de mejorar, de ser auténticos cristianos, de seguir los pasos del evangelio amando y respetando a los seres humanos. De predicar con el ejemplo de Cristo y seguir sus pasos, caminando juntos por un mundo donde el amor al prójimo triunfe por encima de las desigualdades. Al fin y al cabo, una oportunidad de volver a los orígenes del más profundo cristianismo en el como ya he dicho, no importaba nada más que el amor al prójimo.

¿Por qué creo que el nuevo Papa deberá afrontar estos retos con una visión progresista? Porque el evangelio en sí es progresión. Es la llave para progresar como personas, cristianas o no. Nos ofrece las herramientas para caminar hacia adelante, evolucionar en nuestros pensamientos y sentimientos. No puede el nuevo pontífice seguir mirando hacia otro lado mientras los cristianos le piden que actúe. Es por tanto, una ardua tarea a la que se enfrenta no sólo la Iglesia o el nuevo Papa, sino toda la cristiandad resentida por el agnosticismo y el descontento con la Iglesia en la que creen, confían y por la que muchos, seguirán luchando.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

La sanidad de los inmigrantes

Ya ha entrado en vigor la nueva ley que prohíbe en España atender mediante la sanidad pública a los inmigrantes sin papeles. Como es costumbre de esta egocéntrica sociedad, comenzamos quitando a aquellas personas que menos tienen. Por ello, esta ley me trae a la cabeza algunas reflexiones:

Un médico cuya ética o moral cristiana le impide practicar un aborto, legalmente puede negarse a hacerlo porque según los dogmas cristianos es quitar una vida. Por tanto, la Iglesia considera  abortar como "una culpa moral y en una pena canónica, es decir, comete un pecado y un delito" (Aciprensa) . Durante el gobierno socialista, se aprobó una atrevida ley del aborto que levantó un gran debate y provocó miles de denuncias por parte de sacerdotes y personas cristianas. Todos denunciaban esa ley que iba en contra de lo que para ellos se considera una vida y a la que los médicos podían negarse a cumplir si para ellos suponía una carga moral.

Ahora sale una nueva ley que supone un asesinato silencioso de aquellos a quienes Jesús ayudaría y tendería hoy día su mano, y nadie dice nada. La Iglesia mira muda e impasible esta situación argumentando que la política no es cosa de la religión, pero simplemente es que "no pueden morder la mano que les da de comer". Fe y política se confunden en una trama de "amistades peligrosas" en la que los favoritismos están a la orden del día. El sigilo de una Iglesia que se traduce como un apoyo silencioso a las reformas de un partido de ideología conservadora. Nada que ver con la Iglesia que precicaba Jesús, salvo excepciones de algunos sacerdotes que posiblemente sean silenciados por sus cargos superiores. Un ejemplo de esto lo podemos ver cuando un centenar de sacerdotes y religiosas de Murcia, decidieron redactar una carta de apoyo a las familias desalojadas de sus hogares por culpa de los bancos que las han arruinado, y el obispo de su diócesis se negó a firmar tal escrito en favor de estas desamparadas familias que se quedaban en la calle. 

Más allá de los problemas del país o de los gastos que produzca atender a personas que no aportan dinero al estado queda la caridad humana, que no cristiana. En estos momentos es cuando  más ayuda necesita el pobre, el enfermo o el inmigrante que además de pobre está enfermo. Toda persona debe ser caritativa con el prójimo, crea o no en alguna religión. El cristianismo nos dice que debemos seguir el ejemplo de Cristo y en sus sagradas escrituras figuran cientos de textos con un mismo mensaje. “Suponed que un hermano o hermana andan medio desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: id en paz, calientes y saciados, pero no les da las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe, si no tiene obras, está muerta en sí misma” (Santiago 2:15-17). Por tanto, si seguimos las palabras de Jesús y en los hospitales no se les niega la asistencia a los necesitados de ella, incumpliendo así la ley, ¿se podrá argumentar que va en contra de la propia moral personal o de cada cristiano?. “Pero el que tiene bienes en este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo puede conservar el amor de Dios?” (1 Juan 3:17). Según la epístola de Juan, negarse a ayudar al prójimo es renunciar al amor de Dios. Y mi duda final es... ¿Qué cristiano querría renunciar a eso?

Imagen de APV

viernes, 29 de junio de 2012

Los fariseos de hoy


El martes acudí a misa a una iglesia de mi ciudad. No considero que mi palabra tenga más valor que la de cualquier otro cristiano, pero sí me considero libre de compartirla con toda persona que quiera escucharla.  
Al final de la eucaristía, el sacerdote y los asistentes a la misma comenzaron a leer unas palabras del Evangelio de San Lucas “(Dios) derriba del trono a los potentados y ensalza a los humildes; colma de bienes a los hambrientos y despide vacíos a los ricos” (Lucas 1, 52-54). Levanté la mirada de la oración y observé. Sólo me dediqué a mirar. Estaba en una capilla en la zona de la sacristía y pensé en el templo principal cerrado a cal y canto. Mi mente pensaba en la necesidad de tener dos iglesias en el mismo edificio. Dos sagrarios, dos cálices, patenas, cirios y demás utensilios dorados y nada baratos que al menos, deberían tener las dos capillas. Dos imágenes de Cristo, varias vírgenes y sin contar el gasto que conlleva mantener todo eso. Me preguntaba ¿es necesario? Y leía  nuevamente “despide vacíos a los ricos”… curiosa frase pensé.
Es difícil para mí y creo que para muchos jóvenes como yo asimilar tanto mensaje de humildad, caridad y amor cuando lo dice una persona desde un púlpito dorado, que no rehúsa de su pan para dárselo al mendigo y rechaza a otros hijos de Dios por pensar de modo diferente, siendo precisamente esto mismo lo que predican que debemos hacer. Cuando miro el madero y veo a Jesús, no se muchas veces qué pensar. Si tras dos mil años agradeciéndole su calvario por nuestra salvación, no va siendo ya hora de seguir sus pasos, de caminar un sendero marcado para el ejemplo y el buen hacer del cristiano. Creo que Él sería el primero que se sentaría junto al pobre, predicaría la humildad y extendería su mano a toda persona que necesitase su amor sin importarle su condición.
Lo cierto es que me cuesta llegar a expresar mis ideas de tan complejas que resultan en mi mente. Una mente que ve a Cristo en la calle, caminando entre pobres, con ropas rasgadas y pies encallecidos, y una mano siempre tendida hacia el suelo para ayudar a incorporarse a aquel que no se sintiese digno de su presencia. Creo que entenderán mejor mi postura cuando les digo que al mirar a muchos representantes de nuestra Iglesia, que no ven más allá de sus palacios, patrimonios y amistades políticas, veo al fariseo de la parábola. Aquel que daba gracias por no ser pecador y por no parecerse al recaudador de impuestos. Todos somos humanos y cometemos pecados, Dios está ahí para ayudarnos y ofrecernos esa mano que nos perdona y nos levanta. A todo cristiano que se cree superior a su prójimo y camina con la mirada al frente, sin detenerse a mirar atrás y ayudar a caminar a aquellos que lo necesitan, sepan que  “todo el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” (Lucas 18:14).