lunes, 13 de mayo de 2013

Francisco I, dos meses después



El pasado mes de marzo, la curia romana dio un atrevido pero no menos inteligente paso con la elección de Bergoglio como Sumo Pontífice. Siendo objetivos, la situación que atraviesa la fe en Europa es como poco preocupante, siendo cada vez menos los católicos que aguantan las excentricidades de una envejecida jerarquía que insiste en vivir anclada al pasado y no oír lo que la sociedad le pide. Por tanto, la elección de un Papa del continente americano ayuda a afianzar una población cada vez más comprometida con la Iglesia y que aún no se plantea sus dogmas al nivel que alcanza Europa. Además, dada la situación, el Santo Padre es un fuerte intermediador por el bien de los países latinoamericanos que, como bien se puede leer en la prensa, constantemente se apoyan ahora en él y viceversa: “Santos analizará  con el papa Francisco el proceso de paz en Colombia”, “Dos monjas de América Latina, entre los primeros santos del papa Francisco”, entre otras muchas noticias. Su abierta pasión por el fútbol es otra de las llaves que han acercado al Sumo Pontífice al pueblo, siendo la primera vez en la historia que un Papa acepta dar el puntapié inicial en un partido de fútbol.
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Lo cierto es que Francisco ha conseguido en pocos meses lo que muchos no han conseguido, llegar al pueblo. Algunos pueden pensar que el Papa está llevando a cabo la mayor estrategia de Marketing de la Iglesia Católica, con buenos resultados por cierto. Su carisma latino, su carácter mediático como Juan Pablo II y su cercanía al pueblo han sido imprescindibles para tal fin. En parte, no les sobra razón. El camino evangélico que el Sumo Pontífice ha optado por tomar (como su condición de Jesuita le dicta) le ha hecho ganarse a muchas personas, creyentes o no, que confían en que será el cambio que Iglesia Católica necesita.
Ahora, observando el poco tiempo de pontificado, creo que comienzo a entender la situación. La reforma del Papa es muy diferente a la que me esperaba. Una reforma totalmente necesaria y acorde con el mensaje evangélico, sin dejar a un lado su carácter conservador. Para explicarme mejor, me remito nuevamente a las publicaciones que hablan de los actos del Sumo Pontífice: “Francisco I va a por todo: Reforma de la curia, ataque a la pedofilia y al lavado de dinero, rol en Medio Oriente y mediación con las FARC”, “Francisco I pidió todos los libros del banco vaticano”,Francisco I habló fuerte y claro: No hay lugar para ambiciosos y trepadores (referido a los sacerdotes)”.
El Santo Padre está procurando un lavado de cara de la Sede de Pedro, tratando de encaminar a toda la Iglesia por una senda más evangélica, más afín al mensaje de Cristo y más humilde y cercana a los más necesitados. Por tanto, no es de extrañar que algunos de los acomodados en el Vaticano y benefactores de las encubiertas gestiones, no estén muy contentos con el proceso de reeducación de la Iglesia y toda su jerarquía.  Un proceso humanizador que pretende poner a la curia al nivel del pueblo, para que puedan observar mejor los problemas a los que se enfrentan día a día los seres humanos y predicar así con el ejemplo de humildad, como habría querido Jesús. 
Por otro lado, salta a la vista en otros titulares que el Santo Padre está llevando a cabo una reforma social en el aspecto más humanitario, que no en el evolutivo. Es una Papa social, pero conservador con los dogmas de la Iglesia, como cabría esperar si ha llegado al trono de Pedro. Mientras la sociedad avanza a pasos agigantados, el Papa Francisco denota su carácter conservador y tradicional apoyando campañas como “Uno de Nosotros”, emprendida durante el papado de Benedicto XVI para la protección jurídica de los embriones.
Pero lo cierto es que las noticias sobre los aspectos más conservadores del Sumo Pontífice no trascienden, siendo pocas las que se publican y muy ensombrecidas por las que resaltan sus actos en favor de una Iglesia más evangélica. Denota así que es una persona precavida en sus declaraciones, tratando de no ofender ni molestar a nadie, siempre y cuando él pueda seguir con su labor pastoral.
Por último, también es importante tener en cuenta que la falta de palabras del Santo Padre da rienda suelta a la libre interpretación de muchos, argumentos que no siempre debemos interpretar como propios del Papa. La periodista Evangelina Himitian, tras la publicación de su libro “Francisco, el Papa de la gente”, declaraba en una entrevista que “el celibato, por ejemplo, es algo que Francisco podría modificar durante su papado, porque no es un dogma, es una disposición. En el caso del aborto es intransigente y no creo que vaya a modificar su posición. El tema de los métodos anticonceptivos es una incógnita.”
Francisco I es en resumen, un Papa social, cercano a la gente y que pretende reformar una Iglesia cada vez más distanciada del mensaje de Dios y de su pueblo. Parece seguir una senda de renovación evangélica y pastoral, guiada por la caridad y la humildad que hicieron de Cristo un ejemplo a seguir. Por otra parte, parece no querer implicarse en temas controvertidos que puedan desviar la atención de sus principales objetivos. Tanto nos ha sorprendido en estos dos meses de papado, que sería atrevido adelantarse a vaticinar los caminos que seguirá durante su pontificado, pero esperemos que siga acercando la Iglesia al pueblo de Cristo.

lunes, 11 de febrero de 2013

Oportunidades del nuevo Pedro

La silla de Pedro queda una vez más libre para entronar a un nuevo elegido. Desconozco si los motivos de la dimisión son ciertos o no, desconozco si algo claro u oscuro se esconde tras este sorprendente hecho... pero lo que sí puedo decir es que el nuevo Pontífice tendrá una muy dura tarea que afrontar. 

El futuro Papa llegará a una sociedad marcada por la inexorable relevancia de Internet, el aumento de la multiculturalidad de las naciones y una sociedad castigada por la enorme crisis y la miseria humanitaria. Hay quien podría llamarles "grandes batallas de la Iglesia", aunque yo prefiero llamarles "grandes oportunidades de volver a ser Iglesia".

La sociedad, guiada por las tendencias tecnológicas, ha mutado a pasos agigantados costumbres que antes cambiaban lentamente durante decenas o centenas de años. Un proceso que ha llevado a las personas a adaptarse a un ritmo continuamente cambiante, a un mejor alcance a la comunicación y el acceso libre a todo tipo de información. El que la sociedad cambie, no es justificación para que la Iglesia deba cambiar, pero sí es la muestra latente de la continua evolución social que nunca se ha detenido desde el comienzo de la historia humana. Por tanto, si las personas cambian, y la Iglesia está formada por personas, puede cambiar del mismo modo. A pesar de todo, es importante saber que cuando la gente dice que la Iglesia no ha cambiado en dos mil años, está equivocada. La Iglesia ha mudado la piel muchas veces durante sus siglos de vida para sobrevivir, al igual que los seres vivos evolucionan para adaptarse al medio. Al final, tras la desaparición de monarquías y dictaduras en las que la Iglesia supo asumir la mayor relevancia y poder, también comenzó a mudar hace décadas para adaptarse a los nuevos sistemas políticos y económicos. ¿Siguen pensando que la Iglesia no cambia? Antes quemaban brujas y ahora no, antes los laicos pagaban por no cumplir las doctrinas y ahora no, y así un sin fin de ejemplos que se pueden marcar.

Por eso creo que el nuevo Pontífice se enfrenta a la necesidad de un nuevo cambio. Un cambio que la sociedad reclama a la Iglesia con deseos de volver a sus orígenes evangélicos. Lejos de los lujos, las riquezas, la comodidad y el calor de los templos, y de su elevada posición en la pirámide capitalista. Una Iglesia de Cristo que salga a la calle, lucha contra los problemas y las injusticias sociales y apoye a aquellos que no tienen nada. Soy consciente de la importancia de muchas organizaciones eclesiásticas, de su labor humanitaria y su empeño por ayudar a los necesitados. No critico estos aspectos que me parecen acertados, sino la falta de más en aquellos que tantos medios pueden ofrecer. Que aquellos que deberían predicar con el ejemplo de vida humilde, viven en palacios y van en coches de lujo. Que en vez de preocuparse por las injusticias sociales y por las necesidades cristianas de sus propios hermanos, se preocupan más de la vida íntima y privada de los seres humanos o de otros temas a los que Cristo creo que ni daría importancia siempre y cuando existiese amor de por medio.

De ahí que nazca mi creencia de que, todas aquellas cosas que puedan considerarse batallas, sean realmente oportunidades para el nuevo pescador de hombres. Oportunidades de mejorar, de ser auténticos cristianos, de seguir los pasos del evangelio amando y respetando a los seres humanos. De predicar con el ejemplo de Cristo y seguir sus pasos, caminando juntos por un mundo donde el amor al prójimo triunfe por encima de las desigualdades. Al fin y al cabo, una oportunidad de volver a los orígenes del más profundo cristianismo en el como ya he dicho, no importaba nada más que el amor al prójimo.

¿Por qué creo que el nuevo Papa deberá afrontar estos retos con una visión progresista? Porque el evangelio en sí es progresión. Es la llave para progresar como personas, cristianas o no. Nos ofrece las herramientas para caminar hacia adelante, evolucionar en nuestros pensamientos y sentimientos. No puede el nuevo pontífice seguir mirando hacia otro lado mientras los cristianos le piden que actúe. Es por tanto, una ardua tarea a la que se enfrenta no sólo la Iglesia o el nuevo Papa, sino toda la cristiandad resentida por el agnosticismo y el descontento con la Iglesia en la que creen, confían y por la que muchos, seguirán luchando.