El pasado mes de marzo, la curia
romana dio un atrevido pero no menos inteligente paso con la elección de
Bergoglio como Sumo Pontífice. Siendo objetivos, la situación que atraviesa la
fe en Europa es como poco preocupante, siendo cada vez menos los católicos que
aguantan las excentricidades de una envejecida jerarquía que insiste en vivir
anclada al pasado y no oír lo que la sociedad le pide. Por tanto, la elección
de un Papa del continente americano ayuda a afianzar una población cada vez más
comprometida con la Iglesia y que aún no se plantea sus dogmas al nivel que
alcanza Europa. Además, dada la situación, el Santo Padre es un fuerte
intermediador por el bien de los países latinoamericanos que, como bien se
puede leer en la prensa, constantemente se apoyan ahora en él y viceversa: “Santos
analizará con el papa Francisco el
proceso de paz en Colombia”, “Dos monjas de América
Latina, entre los primeros santos del papa Francisco”, entre otras muchas
noticias. Su abierta pasión por el fútbol es otra de las llaves que han
acercado al Sumo Pontífice al pueblo, siendo la primera vez en la historia que un
Papa acepta dar el puntapié inicial en un partido de fútbol.
Lo cierto es que Francisco ha
conseguido en pocos meses lo que muchos no han conseguido, llegar al pueblo.
Algunos pueden pensar que el Papa está llevando a cabo la mayor estrategia de
Marketing de la Iglesia Católica, con buenos resultados por cierto. Su carisma
latino, su carácter mediático como Juan Pablo II y su cercanía al pueblo han
sido imprescindibles para tal fin. En parte, no les sobra razón. El camino
evangélico que el Sumo Pontífice ha optado por tomar (como su condición de
Jesuita le dicta) le ha hecho ganarse a muchas personas, creyentes o no, que
confían en que será el cambio que Iglesia Católica necesita.
Ahora, observando el poco tiempo
de pontificado, creo que comienzo a entender la situación. La reforma del Papa
es muy diferente a la que me esperaba. Una reforma totalmente necesaria y
acorde con el mensaje evangélico, sin dejar a un lado su carácter conservador.
Para explicarme mejor, me remito nuevamente a las publicaciones que hablan de
los actos del Sumo Pontífice: “Francisco
I va a por todo: Reforma de la curia, ataque a la pedofilia y al lavado de
dinero, rol en Medio Oriente y mediación con las FARC”, “Francisco
I pidió todos los libros del banco vaticano”, “Francisco
I habló fuerte y claro: No hay lugar para ambiciosos y trepadores (referido a los sacerdotes)”.
El Santo
Padre está procurando un lavado de cara de la Sede de Pedro, tratando de
encaminar a toda la Iglesia por una senda más evangélica, más afín al mensaje
de Cristo y más humilde y cercana a los más necesitados. Por tanto, no es de
extrañar que algunos de los acomodados en el Vaticano y benefactores de las
encubiertas gestiones, no estén muy contentos con el proceso de reeducación de
la Iglesia y toda su jerarquía. Un
proceso humanizador que pretende poner a la curia al nivel del pueblo, para que
puedan observar mejor los problemas a los que se enfrentan día a día los seres
humanos y predicar así con el ejemplo de humildad, como habría querido
Jesús.
Por otro
lado, salta a la vista en otros titulares que el Santo Padre está llevando a
cabo una reforma social en el aspecto más humanitario, que no en el evolutivo. Es
una Papa social, pero conservador con los dogmas de la Iglesia, como cabría
esperar si ha llegado al trono de Pedro. Mientras la sociedad avanza a pasos
agigantados, el Papa Francisco denota su carácter conservador y tradicional
apoyando campañas como “Uno de
Nosotros”, emprendida durante el papado de Benedicto
XVI para la protección jurídica de los embriones.
Pero lo
cierto es que las noticias sobre los aspectos más conservadores del Sumo
Pontífice no trascienden, siendo pocas las que se publican y muy ensombrecidas
por las que resaltan sus actos en favor de una Iglesia más evangélica. Denota así
que es una persona precavida en sus declaraciones, tratando de no ofender ni
molestar a nadie, siempre y cuando él pueda seguir con su labor pastoral.
Por último,
también es importante tener en cuenta que la falta de palabras del Santo Padre
da rienda suelta a la libre interpretación de muchos, argumentos que no siempre
debemos interpretar como propios del Papa. La periodista Evangelina
Himitian, tras la publicación de su libro “Francisco, el Papa de la gente”,
declaraba en
una entrevista que “el celibato, por ejemplo, es algo que Francisco podría
modificar durante su papado, porque no es un dogma, es una disposición. En el
caso del aborto es intransigente y no creo que vaya a modificar su posición. El
tema de los métodos anticonceptivos es una incógnita.”
Francisco I es en resumen, un
Papa social, cercano a la gente y que pretende reformar una Iglesia cada vez
más distanciada del mensaje de Dios y de su pueblo. Parece seguir una senda de
renovación evangélica y pastoral, guiada por la caridad y la humildad que
hicieron de Cristo un ejemplo a seguir. Por otra parte, parece no querer
implicarse en temas controvertidos que puedan desviar la atención de sus
principales objetivos. Tanto nos ha sorprendido en estos dos meses de papado,
que sería atrevido adelantarse a vaticinar los caminos que seguirá durante su
pontificado, pero esperemos que siga acercando la Iglesia al pueblo de Cristo.
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